XVII Congreso de la FSM, Durban del 4 al 8 de octubre de 2016

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Sin lugar a dudas, el XVII Congreso de la FSM celebrado en Durban es el acontecimiento internacional más importante al que ha asistido la Coordinadora Sindical de Clase. Un Congreso al que asisten más de 1.100 delegados/as e invitados/as de más de 110 países, con más de 120 intervenciones de diferentes delegaciones y avalado por el propio gobierno de Sudáfrica que muestra su apuesta, tras años de appartheid y de búsqueda de rumbo, por proyectos de clase y en la búsqueda de un mundo más justo y equitativo en el que la clase trabajadora tenga el protagonismo en la dirección del mismo.

La presencia del presidente del país, Jacob Zuma, es todo un espaldarazo al proyecto de la FSM, recordando a Mandela, los años de lucha de la clase trabajadora sudafricana, el apoyo de la FSM a la lucha contra el appartheid, la necesidad de la unidad de la clase trabajadora internacional y solicitando respuestas a la FSM a las necesidades de nuestra clase. Es importante la intervención de Zuma apostando por la clase obrera, y continuado por la ministra de Trabajo y el ministro de Cultura y secretario general del Partido Comunista de Sudáfrica, que marca la línea iniciada hace años con la creación del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) confrontados con las políticas imperialistas y neocoloniales del FMI y Banco Mundial que marcan los destinos de Estados Unidos y Europa así como de sus satélites.

Las diferentes intervenciones a lo largo de los tres días de Congreso destacan que vivimos en un mundo en el que la verdadera conciencia de clase ha sido casi abandonada por la clase trabajadora occidental (gracias a la continuada traición de dirigentes sindicales que han abandonado las posiciones clasistas para pasarse al sindicalismo amarillo de pactos social) y que la batalla ideológica se desarrolla en Asia, América Latina y África. En un planeta manipulado por los think thank y los medios de comunicación que silencian las verdaderas luchas, es importante asistir en primera persona y escuchar a compañeras y compañeros de los cinco continentes.

Las batallas de los campesinos/as desde México a Tierra de Fuego, como afectan los Tratados de Libre Comercio a la clase trabajadora, los años de recuperación de su propia identidad como pueblos impulsados por la Venezuela chavista y dirigidos por la Cuba socialista, la contraofensiva imperialista que trata de revertir la tendencia marcada con golpes blandos (Honduras, Paraguay, Brasil…), intervenciones sucias en procesos electorales (Argentina, Chile, Uruguay, México…) o violentas incursiones con los medios necesarios (Cuba, Venezuela, Bolivia…) Son las lecciones que podemos sonsacar de las y los compañeros americanos.

Las comparecencias de los compañeros y compañeras del mundo árabe nos hacen recordar el intervencionismo endémico del imperialismo en estos países en busca del expolio de sus recursos naturales. Abrumados por las noticias de guerras por toda su geografía, no reparamos en las luchas obreras marcadas por el propio intervencionismo imperialista y la estrecha colaboración de las oligarquías locales que han llevado al desastre a países como Libia, Siria, Yemen, Iraq… pero como también se vislumbra un horizonte de esperanza por el decidido apoyo de las organizaciones obreras de clase de países como Turquía, Palestina, Líbano o de los países del Golfo.

Especialmente edificante nos resultan las intervenciones de las compañeras y compañeros de Asia (China, India, Bangla Desh, Nepal…) que nos relatan cómo se desarrolla la lucha de clases en una región donde el tejido industrial está en manos de multinacionales y que utilizan el abaratamiento de costes para aumentar sus ganancias y enfrentar a la clase obrera entre sí. El nivel de conciencia, el gran número de organizaciones obreras y el espectacular grado de afiliación nos enfrenta al concepto que desde Occidente tenemos de los pueblos asiáticos.

La clase trabajadora africana es el futuro, y así lo explicitó el propio secretario general Georges Mavrikos en el discurso de clausura, por su conciencia y por su juventud. Jamás podremos olvidar el Congreso organizado por COSATU, su hospitalidad y su vitalidad. Pero tampoco las intervenciones antiimperialistas, reivindicativas del papel de la mujer y de la juventud, de la necesidad de unidad de la clase obrera de compañeras y compañeros de la propia Sudáfrica, Camerún, Zimbabwe, Sudán…

Todas estas experiencias nos hacen reflexionar y hacer una autocrítica de nuestro trabajo en las organizaciones obreras a las que pertenecemos. Acostumbrados a ser el ombligo del mundo, no podemos seguir creyendo que buscaremos soluciones para la clase trabajadora en nuestro centro de trabajo, en nuestra empresa, en nuestro marco territorial, en nuestra propia organización. La clase trabajadora mundial nos grita que debemos sacudirnos los viejos ropajes y abrirnos a la creación de un frente único que confronte a la patronal si queremos dar soluciones a las necesidades que tenemos como trabajadoras/es. Frente único que deje atrás los viejos referentes de la propia organización, de la propia empresa, del propio marco territorial y, por qué no decirlo, de un eurocentrismo que nos hace creer que somos los referentes ideológicos y de lucha de nuestra clase. Precisamente es en Europa donde más ha retrocedido el movimiento obrero clasista, con los pasos atrás en la lucha de clases dados por CCOO en España, la CGIL en Italia, y la CGT en Francia (siguiendo las orientaciones del eurocomunismo).

Tuvo una gran importancia dentro del Congreso el discurso de clausura de Georges Mavrikos señalando las conclusiones que se podían sacar de él. Un Congreso abierto, democrático, clasista e internacionalista; la aprobación del Nuevo Programa de Acción 2016-20; el impulso en el plano organizativo a partir de la suma de nuevos miembros, los nuevos sectores de las UIS y la incorporación de nuevos países y regiones como Rusia, Angola o USA; el apoyo a las organizaciones sindicales de base; la mejora de las diferentes organizaciones en los planos ideológicos y políticos en base al internacionalismo, la unidad de clase y la militancia; la confrontación con los sindicatos amarillos ya que tenemos superioridad moral, ideológica, de cuadros y, en poco tiempo, de militancia. Un cuadro optimista para los próximos años para el desarrollo de la FSM y para que ésta sea capaz de dar soluciones a las necesidades de la clase trabajadora mundial.

No podemos olvidar las diferentes intervenciones de los responsables de las distintas UIS en sus informes de trabajo de los últimos cinco años y nuestra participación de la UIS de Transporte y Comunicaciones de cuya dirección formamos parte desde el Congreso del sector de Santiago de Chile de 2014. Entre las conclusiones debemos destacar el compromiso para desarrollar la UIS en los diferentes continentes comprometiéndonos a participar en el ya constituido en Europa; potenciar la circulación de información entre las diferentes organizaciones y países; y la contribución financiera para el desarrollo de la propia UIS. Nuestra intervención en la reunión hizo referencia a la necesidad de ampliar la propia UIS a los sectores de las Telecomunicaciones y las Nuevas Tecnologías ya que en la actualidad está circunscrita al Transporte. Nuestro compromiso también se refirió a la organización de una reunión en Madrid de organizaciones sindicales de clase del sector para el mes de marzo/abril de 2017 coincidiendo con el viaje del secretario general de la UIS, Ricardo Maldonado, a la conferencia que se celebrará para Norte de África y Oriente Medio.

En suma, la clase obrera internacional nos sigue dando lecciones de organización y lucha a las organizaciones occidentales. Cualquier pretexto nos sirve para reivindicar nuestro propio espacio como único y auténtico, como referente, como adalid de la clase obrera. Y no nos damos cuenta de que con esta actitud atomizamos cada vez más el movimiento dando ventajas a la patronal y a sus organizaciones sindicales. Tal vez en un momento dado de la historia la clase obrera europea haya sido la vanguardia del movimiento, en el plano ideológico y el de acción, pero en estos momentos estamos en la retaguardia y no podemos ir por el mundo dando lecciones. Es el momento de aprender aunque, eso sí, recordando cuales son nuestros orígenes y cuál es nuestro objetivo: la emancipación de la clase trabajadora, que seamos dueños de nuestro propio destino y el conseguir un mundo sin explotadores ni explotados.

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