POR LA VIDA DE LOS TRABAJADORES ES NECESARIO LA UNIDAD DEL SINDICALISMO DE CLASE ¡POR EL PROYECTO SINDICAL DE CLASE QUE NECESITAMOS!

El pasado mes de julio, la Encuesta de Población Activa señalaba que en España “se han recuperado el 58% de las horas trabajadas antes del estallido de la crisis en 2008”, esto significa que en el estado español, en julio de 2018, se trabajan 72,66 millones de horas menos de las que se trabajaban hace una década, en el año 2008.

En el mes de abril de este año, el INE señalaba que las empresas españolas no financieras obtenían unas rentas por valor, o lo que es lo mismo plusvalías robadas a los trabajadores, que ascendían a la cuantía de 267.680 millones de euros, esto es unos 98.474 millones de euros más de las rentas por valor de las que obtenían antes de que estallase la crisis en 2008. Por el contrario, las rentas de las familias obreras, las rentas del trabajo,  han perdido 28.058 millones de euros con respecto al año 2008. Asimismo, los empresarios destinan 10.000 millones de euros menos en salarios hoy si comparamos con 2008.

En materia de empleo, en el estado español se han perdido 522.622 puestos de trabajo en los últimos 10 años y según el INE en marzo de 2018 se habían destruido 1,1 millones de puestos de trabajo si lo comparamos con el nivel de empleo existente antes del estallido de la crisis.

¿Qué nos dicen estas cifras? Pues un mensaje muy claro: las políticas realizadas por los Gobiernos del PP y del PSOE, sus reformas laborales, han servido para que los empresarios ganen 98.474 millones de euros más en estos últimos 10 años de crisis, pagando 10.000 millones de euros menos en salarios, todo ello con 1,1 millón menos de trabajadores y con un 42% menos de horas de trabajo, 77,66 millones de horas menos que en 2008. Eso sí, las familias obreras del estado español obtienen por su trabajo 28.058 millones de euros menos, acrecentándose la miseria de los trabajadores y la desigualdad social.

Los trabajadores no sólo son más pobres, y las rentas del trabajo han perdido peso con respecto de las rentas del capital, sino que su trabajo es menor y más precario. De hecho, si se compara el cierre de 2008 con el de 2017 comprobamos que el número de ocupados que trabaja entre 1 y 9 horas semanales es hoy un 12% mayor y los trabajadores que trabajan de 10 a 19 horas a la semana son casi un 20% menos. 

Ese es el rostro del PP y del PSOE, sus políticas económicas y sus reformas laborales. Pero también es el rostro del sindicalismo vertical de CCOO y de UGT, sindicatos financiados por el Estado al servicio del gran capital que no ha dudado en adaptar los distintos convenios colectivos sectoriales a lo impuesto por las reformas laborales, que han empleado la propia reforma laboral para despedir a sus propios trabajadores, y que han firmado EREs a mansalva, de tal modo que entre 2012 y 2016 casi 1,2 millones de trabajadores se han visto afectados por EREs, despidiéndose a 235.914 trabajadores entre febrero de 2012 y noviembre de 2016. De hecho los EREs – por los que cobran CCOO y UGT si los acuerdan y firman y hemos de recordar que el 92,7% de los EREs se cierran con acuerdo – han sido unos de los instrumentos más eficaces por la Reforma Laboral de Rajoy para tirar por tierra los salarios. 

CCOO y UGT firmaron hace un par de meses el IV AENC donde consagran la reforma laboral y garantizan el actual marco laboral, totalmente adverso para los trabajadores, asumiendo plenamente la política laboral del PP, de tal modo que, tras la llegada al gobierno español del PSOE, ambos sindicatos se han alineado con el Gobierno y han renunciado explícitamente a que se derogue la reforma laboral que tantos efectos nocivos y tanto daño ha hecho a la clase obrera.

Es el momento de que el sindicalismo de clase acumule y unifique sus  fuerzas, se extienda y se erija como la única alternativa sindical que realmente tenemos los trabajadores en el estado. Un sindicalismo militante, un sindicalismo combativo y de clase, un sindicalismo enemigo del burocratismo y del verticalismo que abrazan el reformismo y adecuar la vida de nuestra clase social a los intereses de los capitalistas; un sindicalismo internacionalista, antiimperialista y antifascista, enemigo de las guerras imperialistas que hacen los estados para saquear las riquezas naturales de otros pueblos y países del mundo donde los monopolios y las multinacionales se lucran con la guerra y la muerte de los trabajadores, un sindicalismo que desde el internacionalismo proletario luche por la unidad de todos los trabajadores del mundo que es la mayor garantía de la paz, en definitiva, un sindicalismo cuya aspiración es la unión y la organización de la clase obrera al objeto de imponer sus intereses económicos y políticos y que sea instrumento de la clase obrera para superar la explotación del hombre por el hombre y avanzar hacia un modelo socioeconómico superior donde todas las necesidades humanas sean satisfechas y donde la explotación sea erradicada.

En esa dirección y ante esta realidad, los sindicatos de clase tenemos una responsabilidad enorme en este país en aglutinar fuerzas, en sumar a los trabajadores y organizar dicha unidad desde la base, que son los centros de trabajadores, y construida por los mismos trabajadores en la dirección mencionada. La reunión del pasado día 10 de julio celebrada en Madrid por la FSM, y sus conclusiones, van en el camino que hemos mencionado anteriormente y  es la hoja de ruta que corresponde al momento histórico en el que nos encontramos para conseguir el fortalecimiento del proyecto sindical de clase que requerimos y necesitamos los trabajadores en el estado español.

En este sentido, desde CSC estamos comprometidos con la senda marcada en la reunión del pasado día 10 de julio  y trabajaremos generosamente junto con todos los sindicatos hermanos para hacerlo realidad. Nuestro avance es, y será, el avance de la clase obrera, y por consiguiente, el retroceso y la derrota de los explotadores y del sindicalismo traidor que firma los despidos colectivos de los trabajadores, que asumen las reformas laborales antiobreras, y  que son un instrumento necesario – y bien remunerado – para que  los empresarios se enriquezcan a costa de la explotación, de la miseria de nuestra clase.

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